30/05/2022

Bendito naufragio

Así como quienes tienen éxito no siempre son personas exitosas; quienes fracasan, no tienen por qué ser fracasados. Las complicaciones de la vida son evidencias de la bendición de Dios. Él te va a poner de cuando en cuando en naufragios que ensanchen tu fe. La empresa es la que se perdió, no tú. El noviazgo o el matrimonio se perdió, no tú. Es el evento o el proyecto el que fracasó, no tú. Es el barco el que se hundió, no tú. Recuerda que tu identidad está atada al destino que Dios te ha dado, no a una Iglesia, un matrimonio, un proyecto o a un simple bote, que siempre puede llegar a hundirse. Siempre hay vida después de los fracasos. Así que sigue respirando, náufrago, porque mañana saldrá el sol y ¡quién sabe lo que traerá la marea!

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